La Prueba del Malvavisco

La Prueba del Malvavisco
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La Prueba del Malvavisco de Walter Mischel

A fines de los años 60 el psicólogo Mischel llevó a cabo el experimento de la Prueba del Malvavisco o de la golosina. Su nombre original fue “The Marshmallow Test” y se realizó con niños de la guardería de la Universidad de Stanford.

Luego de jugar un rato con el niño, el investigador le ofrecía jugar al “juego de la espera”. Dejaba al pequeños sólo en un cuarto y debía esperar un rato a que el investigador volviera.

La trampa era que el niño tenía un plato con un malvavisco a su disposición para tomarlo y comerlo. Pero antes de irse, el investigador le explicaba que si esperaba y no se comía el dulce, cuando él regresara podría tener dos en vez de uno.

De esta manera, Walter Mischel le ofrecía a los niños que elijan entre una recompensa inmediata o dos recompensas tardías. El período que debía pasar el niño o la niña en la habitación era de unos 15 minutos aproximadamente.

Los sujetos puestos a experimentación eran 16 niños y 16 niñas que asistían a la Bing Nursery School de la Universidad de Stanford. El objetivo de la investigación no era poner a prueba a los niños, sino identificar las estrategias cognitivas y los mecanismos mentales específicos, así como los cambios en el desarrollo, que posibilitan la demora de la gratificación.

Los resultados a lo largo del tiempo

En el estudio se observó que los niños mas grandes podían demorar su gratificación por más tiempo, aparentemente cuando se ponía en funcionamiento la “función ejecutiva” predominante de sus cerebros más maduros. La investigación trató de identificar las habilidades cognitivas que subyacen a la fuerza de voluntad y el pensamiento a largo plazo y cómo pueden mejorarse.

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Muchas años más tarde, se pudieron hacer correlaciones entre los resultados de la prueba del malvavisco y el desarrollo de los niños y niñas. Luego de haber transcurrido más de 10 año desde el experimento, Mischel evaluó a los adolescentes.

Quienes no fueron capaces de esperar y comieron el malvavisco tenían más baja autoestima y umbrales de frustración menores. Mientras que los que habían esperado eran menos propensos a mostrarse agresivos y a mostrar una reacción exagerada si se ponían ansiosos por el rechazo social.

Años más tarde, Mischel descubrió también que, curiosamente, los niños que habían sabido esperar a las dos golosinas, a parte de ser más exitosos en su lugar de trabajo, mostraban menos predisposición a la obesidad.

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